¡Qué maravilla de ruta te has marcado!
Después de conquistar los puertos de las Montañas de Prades, dejarte la piel en los viñedos del Priorat y sentir la brisa de la Costa Daurada en la cara, te mereces un descanso de los de verdad.
Después de tanto pedalear, aprovecha para acercarte a las playas de Cambrils.
No hay mejor recuperación muscular que un baño en aguas tranquilas o simplemente dejar que el sol te recargue las pilas en la arena.
Es el momento de desconectar el GPS, guardar el Strava y simplemente escuchar el sonido del mar. Si algo nos enseña esta zona es que el Mediterráneo cura cualquier agujeta y te permite procesar todos los paisajes que has cruzado a golpe de pedal.
Ya que vienes del Priorat, sabes que esta tierra se bebe, pero al llegar al puerto de Cambrils el plan pide algo más fresco.
Aprovecha tu tiempo libre para sentarte en una terraza frente a los barcos y disfrutar de un vermut, el ritual sagrado de la zona.
Acompáñalo con unas avellanas locales o unas aceitunas arbequinas mientras ves pasar el tiempo sin prisas.
Es el momento ideal para repasar las fotos del viaje y reírte de esa cuesta que casi te vence en Prades, disfrutando de la merecida calma.
El ciclista abre el apetito y en Cambrils, la capital gastronómica de la zona, la recompensa es de alto nivel.
No puedes irte sin probar un buen arroz marinero o un Xató (esa ensalada típica con salsa de almendras y ñoras que te devuelve la vida).
El producto local es el protagonista; busca esos restaurantes donde el pescado llega directo de la lonja.
Disfrutar de una comida pausada viendo el ir y venir de los pescadores es el broche de oro antes de regresar al hotel.
Te vas con las piernas cansadas, pero el corazón lleno de luz mediterránea.


